Dienstag, 9. September 2008

Desperation made a fool of me.

Próxima estación: alcoholismo. Correspondencia con: auto-destrucción, desesperación, insomnio e ira. Cambien aquí para trenes directos a la autocompasión, el orgullo herido y la vanidad.

Montag, 1. September 2008

Life Without My Sweetheart Is Only Half A Life.

Hoy es el 1 de septiembre del 2008, y mis queridos padres llevan 30 años casados. 30 años de compañerismo, 30 años de altibajos, 30 años de amor, 30 años de dolor de cabeza. Se han construido una casa y han criado 3 hijos, se han reído mucho, y han discutido, han chocado, y siempre han vuelto a lo que les une, y los que vivimos en pareja sabemos que a veces no es fácil de definir que es lo que nos une y que es lo que nos separa. Más que una vez se habrán preguntado por que seguían juntos, y ahora en retrospectiva se pueden reír de los baches, y ya no se pueden imaginar la vida sin el otro.

¿Qué es lo que llamamos el amor? ¿Dónde empiezas tú, y donde termino yo? ¿Y qué es lo que compartimos, cuánto yo y cuánto nosotros hace falta para que la báscula no se incline demasiado hacia un lado o el otro? Los cuentos de hadas terminan cuando se casan la princesa y el príncipe, pero en la vida real lamentablemente no es así. En la vida real tenemos ¿cuánto? ¿6 meses, 9 meses, 1 año? de gafas rosas y después tenemos que mirar hasta donde podemos o queremos llegar. Cuando vas a un restaurante y ves algunas parejas sentadas allí en silencio, cada uno mirando hacia otro lado te llegas a preguntar cuantas parejas siguen existiendo (porque “funcionando” casi no se puede decir) por el simple miedo a la soledad. Schopenhauer dice que “el instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.”, y creo que tiene mucha razón respecto a las parejas. Entre el omnipresente orgullo y el miedo a la soledad a veces no es fácil saber si lo que sentimos hacia una persona aún es amor o si es otra cosa.

Afortunadamente mis padres no son así; mis padres comparten intereses, a veces discuten, y muchas veces se ríen juntos, y cuando hay silencios son silencios cómodos, silencios que no duelen, silencios sanos, lo de estar juntos y entenderse sin palabras. Estos 30 años de matrimonio no han sido un camino de rosas, había tiempos difíciles pero han trabajado, se han ido acercando, porque aparte de un matrimonio también son buenos amigos, cosa que me dijo mi madre hace unos años y me pareció la cosa menos romántica del mundo y que hoy entiendo y valoro como algo muy importante. Y lo más importante es que no tiraron la toalla en ningún momento. Menos mal.